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sábado, 29 de septiembre de 2012

El gallo (Poema)

EL GALLO

Tu has creído que soy tonta porque callo,
convencido de que al no luchar, consiento,
te has metido en tu pobre pensamiento
que en el corral de mi vida eres el gallo.

Yo prefiero la venganza a la protesta,
hago uso de mi cuerpo como espada,
y entregando mis amores por la nada,
ya te tengo bien cortada tu alta cresta.

Y de gallo te paseas
apretándome en tus brazos,
sin ver que está hecha pedazos
la cresta que pavoneas.

Tu te alejas o te acercas cuando quieres,
me desprecias o me amas a tu gusto,
no permites que te diga cuán injusto
es hacer conmigo aquello que prefieres.

Y callada, sin pensar en mi conciencia,
beso, amo y acaricio a quien yo quiero,
y me río de ese pobre gallinero
que tan bien te crees que guarda mi inocencia.

Y de gallo te paseas
apretándome en tus brazos,
sin ver que está hecha pedazos
la cresta que pavoneas.


                            



Mª Carmen Prada Alonso



Bajo un cielo de cristal

PRIMER PREMIO MICRORRELATOS @museocasalis #bajouncielodecristal 2012

Se adueñó de mí la mudez, se rompió la luz del día, y la ensoñación se adueñó de todo mi ser, bajo un cielo de cristal.


Mª Carmen Prada Alonso

viernes, 28 de septiembre de 2012

La vil calumnia


Teniendo yo por bien a una persona, dijéronme de ella felonía tal, que hubiera trocado en mueca la sonrisa con que le agasajaba si no fuera porque, conociendo yo la envidia y la maldad de algunas lenguas, conseguí que mi buen juicio hiciera caso omiso a la calumnia.
No obstante, siempre quedome la duda de si aquélla pudiera tener algo de cierto o no, pues la naturaleza humana está sujeta al ir y venir de las vacilaciones, y las malas palabras dejan siempre sombras que oscurecen las mejores intenciones.
Y di en pensar qué triste y cierto es que las gentes no son lo que son, sino lo que de ellas hacen los juicios de los demás, y no es menester ser docto en las ciencias del entendimiento para comprender tal sentencia.
Pero aun reflexioné más y vi que no era eso lo peor, pues aún dentro de tal mal, queda siempre la opción de que no nos importe lo que los demás digan, y hacer lo que nos venga en gana. Lo peor es que, si mal parece pagar las culpas que cometemos, el pagar por lo que no se hizo desgarra las carnes más duras.
Esas personas, por darles algún nombre, que se dedican a sangrar al prójimo con el cuchillo de la calumnia, poniendo en entredicho la vida, el ser y el futuro del chivo expiatorio que eligen como blanco de sus maldades, hubieran de sufrir castigo tal, que los sumiera en los más hondos pesares.
El sufrimiento que produce el saber que una venenosa lengua ha lamido el buen decir de cualquiera, se escapa a toda medida, pues la persona calumniada queda a la deriva en ese mar de confusión que crece en torno a ella.
Dime cuenta con tal reflexión, que aún es mal mayor que apenas demos importancia a pecado tan grande, dejándolo en enredos y cotilleo de comadres.
Y aunque piensen muchos que el mal barro no ensucia las buenas botas, es más cierto que ignorando ese barro, más nos encharcamos, y si encontramos atajo limpio, en cualquier momento puede echarse a llover y vernos los pies mojados, que en este cuitado mundo parece que los males nos inundan a todos.
Dicen los sabios que perdón muestra nobleza, pero si nobleza obliga, el pecado de la calumnia, de puro innoble, jamás debiera tener perdón, y de buena justicia fuera que los venenos que sueltan las sucias lenguas se volvieran palos contra sus costillas.
Quédame después de tan tristes pensares, la esperanza de que todavía haya suficiente conocimiento para que el desprecio a los calumniadores venza a la propia calumnia y borre la mezquindad de aquellos a los que la Naturaleza debió negarles el sagrado don de la palabra.



Mª Carmen Prada Alonso


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Diez meses de soledad


Certamen literario de relatos
"Carmen Martín Gaite"
Villa de Lumbrales
Tema:"La mujer rural"
AÑO: 2009 - 2º PREMIO.





Diez meses de soledad




Caía la tarde y empezaba a suavizar el calor de Agosto; delante de la puerta de la casa estaba el coche cargado con las maletas y, a su lado, Teresa esperaba a que Carlos terminara de colocar todo. Sus vacaciones habían terminado y se iba, y con su marcha acabaría todo, estaba segura.

-Bueno, ya está-dijo Carlos mientras cerraba el maletero-.Lo he pasado muy bien, eres maravillosa y todo esto es precioso, han sido unas de las mejores vacaciones que he tenido.

La cogió por los hombros, le acarició la cara y dejó en ella un último beso.

-Estaremos en contacto, ¿vale?-fue su despedida.

Teresa sonrió; claro que estarían en contacto, justo hasta que pasaran unos días, como mucho unas semanas. Era lo de siempre, el típico amor de verano en el que todo era maravilloso mientras duraba, y duraba eso, el verano.

Cuando vio desaparecer el coche, se giró y entró en la casa. Era una preciosa casa rural con cuatro habitaciones en un pueblo de la sierra al que acudían visitantes llamados por el encanto del paisaje, las costumbres y los alojamientos típicos de la zona.

Era su tierra, su pueblo, su vida; había nacido allí, como sus padres, sus abuelos y las generaciones anteriores. Se había criado sin echar nada de menos, disfrutando de sus compañeros de juegos, mucho espacio, los baños en el río durante el verano, la escuela en invierno, una infancia feliz, lejos del ruido y los peligros de la ciudad.

Estudió lo justo hasta que "dejó de gustarle"; era joven, inconsciente y, por supuesto, nada calculadora de un futuro que veía muy lejano, así que cuando terminó los estudios básicos, decidió que no quería seguir. Tampoco sus padres insistieron mucho en que lo hiciera, después de todo, podía tener la vida asegurada en el pueblo; años antes se habían gastado sus ahorros en preparar la antigua casa de los abuelos para su explotación, en lo que se había denominado el boom del turismo rural y con la ayuda de una pequeña subvención, consiguieron que aquella casa se convirtiera en uno de los alojamientos de referencia de la zona.

Así que, después de todo, les venía bien que su hija se quedara allí y les ayudara con aquello que, a buen seguro, les proporcionaría buenos ingresos. Y en principio, a ella también le pareció una excelente idea.

Con veintidós años, Teresa se convirtió en una mujer más del llamado medio rural, pero del grupo de las afortunadas, o así se lo hacían ver, porque ni tenía que doblar el lomo sobre las tierras, ni sacudir varales bajo los cielos.

Nadie, ni siquiera ella, pensó que además de tener solventada su economía, había otros muchos aspectos de su vida, con otro tipo de necesidades tan fundamentales para vivir como el propio pan.

Comenzó a sentirse sola, muy sola; los jóvenes se habían ido del pueblo, unos sacando estudios y otros colocados en la ciudad en trabajos que apenas les daba para malvivir, pero según decían, antes cualquier cosa que quedarse en el pueblo.

Añadía a todo la dificultad de las comunicaciones, que todavía seguían sufriendo, ya que no era un pueblo cercano a la ciudad, de esos en los que se va y viene en menosde media hora, no; ella tenía un autobús de línea una vez al día y una distancia de no menos de una hora para poder disfrutar de algo. Y el coche familiar era para todos, no

se podía tener uno para cada uno, así que su libertad de movimientos dependía de que coincidieran para ir al mismo sitio.

Y aún su madre, cuando Teresa se quejaba le decía:

-Tenías que haber vivido como yo, a la labor desde muy temprano, luego venir a la casa a preparar la comida, después los animales, que también había que atenderlos, y sin ninguna de las comodidades que tenéis ahora, lavadora, nevera, televisión, hija, no sé de que te quejas.

Puestos a pedir, le hubiera gustado tener internet, era una forma de comunicarse con el mundo, de hacer amigos, de asomarse más allá de lo que podía ver desde su ventana, pero la línea todavía no había llegado. En muchos pueblos, en demasiados, seguía el aislamiento, la incomunicación, la terrible soledad.

Se encontraba atada de pies y manos y veía que su futuro era tan gris que hasta le daba pena de ella misma. Aquello tan rural, tan hermoso, tan apacible, era su jaula, pero, ¿a dónde ir?.

Cierto que en el verano aquello cambiaba, el pueblo se animaba con los turistas, la vida estallaba de pronto, y aunque tuviera más trabajo, al menos aquel bullicio la envolvía y se hacía todo más llevadero; sus amigas de siempre volvían a pasar allí partede las vacaciones y ella misma podía escaparse unos días como merecido premio a su labor. Pero luego todo volvía a quedarse en silencio, vacío, a la espera de que los fines de semana volvieran los amantes del aire puro y la naturaleza y ocuparan las habitaciones de la casa, intentar tener algo de conversación con ellos y volver a limpiar para los próximos.

Después, el invierno, con sus largas noches y la mirada perdida en el horizonte, a la espera de que llegara el verano, dos meses, julio y agosto, dos nada más. Y después, diez meses de soledad.

Un gesto de rabia se dibujó en su cara; amaba lo que tenía, amaba su tierra y no quería renunciar a todo aquello, pero tampoco quería que su vida se redujera a la pobre resignación de aceptar lo que le viniera por no poder hacer otra cosa. Era joven, tenía sueños y solo debía luchar para conseguirlos, pero conseguirlos allí, donde estaba todo lo que amaba. No podía quedarse quieta esperando a que aquello cambiara, tenía que cambiarlo ella, o al menos intentarlo.

Su cabeza se llenó de planes, de proyectos, buscaría gente que, como ella, deseara una vida mejor en su tierra, sin tener que irse como los demás. Sus sueños merecían el esfuerzo, y ella se merecía sus sueños.

Y tenía por delante diez meses, diez meses de esperanza.




Mª Carmen Prada Alonso











martes, 25 de septiembre de 2012

Madrigal (Poema)


YA ES TARDE

Los vestigios aquellos que quedaron
formando pátina de oscuro lecho
dentro del alma mía,
amarga ambrosía
rebosando eternamente en mi pecho,
son causa del vivir que a mi retorna.
Loca el ansia por el tiempo azotada
enciende mi piel, ahora arrugada,
buscando amor en el amor perdido.
¡Ay de mí!, río seco,
jamás ya amor verá lo que yo he sido,
jamás oirá mi eco.




Mª Carmen Prada Alonso
……………………

domingo, 23 de septiembre de 2012

Olor a ácido úrico


OLOR A ÁCIDO ÚRICO

(Contestación a Sostres, 2010)


Cuando creemos que hemos llegado al límite de nuestra capacidad de asombro, nos encontramos con elementos como el innombrable tertuliano que todos tristemente hemos conocido en estos días, y nos damos cuenta de que para el asombro no hay límites. Ya está dicho todo sobre este individuo, pero me gustaría aportar mi granito de arena y me dirijo a él.

Mentecato: Tengo la impresión de que eres una persona sucia, muy sucia, no solo en tu mente sino también en tu higiene. Quizá pertenezcas al grupo de hombres que cuando orinan se la sacuden y se la envainan sin molestarse en coger papel, dejando en el slip el acusador círculo amarillento; quizá dejes el W.C. salpicado de goterones, la tapa levantada, el lavabo lleno de los pelillos del afeitado, el grifo pinteado de pasta de dientes. Esto último no, que a buen seguro la boca no te la lavas. Quizá seas de los que dice mi amiga la tintorera que llevan a limpiar los pantalones llenos de raspas sanguinolentas de almorranas mal cuidadas y mal higienizadas; tus sábanas estarán sembradas de grumos de pielcitas de los pies que no te cuidas, y en tu almohada estarán pegados los restos de las pocas greñas que te quedan.

Sin duda no tienes mujer ni hijas, porque a tipos como presuntamente eres tu, no hay estómago que los aguante, y si las tuvieras, que, repito, no creo, habrán salido de casa corriendo al oír tus asquerosas declaraciones y se habrán escondido del mundo ante la vergüenza que habrán sentido..

Hay muchos descalificativos para ti en nuestra rica lengua, pero te voy a poner solo uno: gañán.



Mª Carmen Prada Alonso


sábado, 22 de septiembre de 2012

La incultura general

El Bachillerato de mi época, (aquel  con el que el nombre propio adquiría el Don) era otra cosa. Los conocimientos adquiridos en aquellos años para poder acceder a la Universidad, incluían saber hablar, expresarse correctamente, hacer el uso debido de la Lengua, porque si no se conoce bien la Lengua no se puede asimilar ningún conocimiento. Eso, y lo que se llamaba y llama cultura general en todas las materias. O sea, saber de todo para luego poder especializarse en lo que cada uno quisiera. Pero con los cimientos bien puestos.
Increíblemente, lo que para nosotros era elemental, ahora es estar en números rojos, tanto en Gramática como en Geografía, Historia, Literatura, Matemáticas, etc.
Pocos saben hacer las operaciones básicas sin calculadora, desconocen la mayoría de las capitales europeas, y si vamos a las de otros continentes, en blanco total. De escritores conocen los actuales más oídos y poco más, en fin, discos duros cuyo inmenso espacio está ocupado por el facebook, el tuenti, el twitter, el pen drive, Google, la informática de usuario y poco más.
Pero lo más desastroso es el desconocimiento de la Gramática, y por ende, del lenguaje, incluidos los que debieran ser transmisores del buen uso de la palabra: televisión, radio y prensa.
Ahora no se dice “detrás de mí”, sino “detrás mío”, ni “delante de ti”, sino “delante tuya”, (lo del femenino o masculino no he llegado a saber cómo lo aplican). Desconocen que “delante de” y “detrás de”, son inseparables y no se puede coger el de, y juntarlo con el mí, para hacer mío.
Espalda solo tenemos una, pero dicen “a mis espaldas”; leísmos, loísmos, laísmos, dejasteS, cogisteS, llevasteS, previnió, abarruntar, vamos que no salvan nada.
La incultura general se palpa en todos los sectores, pero donde más canta es en políticos, presentadores de televisión, locutores, participantes en debates sobre cualquier cosa, en fin, sembradores de palabras que apedrean el diccionario y colaboran a que nuestro lenguaje cada día esté más defenestrado.
Para esto sí que debiera haber censura y no permitir que se sigan cometiendo desatinos lingüísticos. O al menos intentarlo.


Mª Carmen Prada Alonso
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