Translate

viernes, 18 de mayo de 2018




EL TELAR

PRIMER PREMIO DEL I CERTAMEN DE POESÍA JUAN MACHACA VILLA DE MACOTERA 2016









CARMEN PRADA ALONSO


I
La vieja arrastra la vida
subiendo por la escalera
con ayes de la madera
tazada y adormecida.

En el desván polvoriento
un pequeño ventanuco
juega con el cielo al truco
de tornarlo amarillento.

Bajo un pardo vellorín
empuja por asomar
la silueta de un telar
que ha tiempo llegó a su fin

Ella torpe se le acerca
posa sus manos en él,
y descubriendo su piel
del olvido lo descerca.

Pieza a pieza va mirando
prieta la boca en recuerdos
que se le vuelven remuerdos
en su garganta apretando.

Sentada queda la vieja
hablando con el telar,
y es que le quiere contar
mansamente queja a queja.

II
LA VIGA

Viga de urdimbre yo fui
sustentando los hilares
que sólo fueron pesares
en un continuo ay de mi.

Era reseco madero
que nunca pudo envenar,
sólo servir, sujetar,
siempre fuerte, siempre entero.

Viví barnizada en sueños
con fantasías de seda,
mirando en acato queda
los ropajes de otros dueños.

Soñaba con arriar
el rejado que me ataba,
solamente lo soñaba
sin quererme despertar.

Era inmóvil prisionera
sin esperanzas de huir
en resignado vivir
siendo mástil sin bandera.

Y así mi vida ha pasado
teniendo como caminos
sujetar otros destinos
que me dieron de fiado.

III
LA LANZADERA

Bien apresada en mi mano
jugaba la lanzadera
con su alma de madera
y su brillante engalano.

Qué infinito estba el cielo
que entraba por el cristal
convirtiéndolo en brocal
de chispas de terciopelo.

Al compás de aquel vaivén
bañándome el sol la cara
me creía entre la jara
con vestido de satén.

En mi enagua retozaban
fragantes vuelos de espliego
regalándome el sosiego
que sus caricias llevaban.

Mil escapadas viví
y hasta la luz de la vela
sueño a sueño, tela a tela
¡cuantos sosiegos sentí!

IV
EL HUSO

¡Ay mi Señor! Quién me diera
cien años quedar dormida
y despertar a otra vida
donde vida yo tuviera.

Y sin castillo, Señor,
que a tánto mi sed no aspira,
sin príncipes de mentira,
sin historias de rencor.

Por alfombra tiernos trigos,
y un trozo de sol por techo,
pleno en libertad mi pecho,
sin necesidad de abrigos.

¡Ay Señor! Mi alma se empeña
en el gozo de soñar
que algún día pueda lograr
ser de mi cuento la dueña.

V
LA RUECA

La rueca hilando giraba
y yo me hacía creer
que sólo nací por ser
la mano que la bailaba.

Vueltas y más vueltas di
y entre tantos desatinos
se cerraron los caminos
que pudo haber para mi.

No tuve en la hilada abrigo
que me rindiera calor
ni confortara el dolor
que vivió siempre conmigo.

Quise alguna vez cortar
los hilos que me apresaban,
más de acero se tornaban
y volvíanme al hilar.

Fue tánta mi soledumbre
viendo girar a la rueca
que quedose mi alma hueca
prendida en la mansedumbre.


VI
LA URDIMBRE

Siempre cual hidalgo enhiesta
esperando que la trama
encendiera en mi la llama
que me diera una respuesta.

Que sola nada sería
siempre fue lo que creí,
y si sola siempre fui
ser algo jamás podría.

¿Por qué entonces tanto anhelo?
¿Por qué algo me gritaba
que si los miedos ahogaba
levantaría mi vuelo?

Se me pasaron los años
entre tánto preguntar
sin el vuelo levantar
enterrada en mis engaños.

VII
Ebrio de luz está el cielo.
El sol de agosto atraviesa
la calma de la dehesa
aromada de majuelo.

Ondea el aire en la encina.
El canto de la chicharra
inconmovible desgarra
de la tarde la cortina.

Bajo el ardiente tejado
asida al telar, mimosa,
en paz la vieja reposa
el sueño que la ha llevado.

Ya ha levantado su vuelo,
ya no hay rejado ni hilar,
ya se ha podido librar
de las cadenas del duelo.

Se da como historia cierta
que cada cien años, cien,
revestida de satén
una moza se despierta.

Y el silencio deshaciendo
se oye el ruido de un telar
con su tedioso sonar
siempre tejiendo y tejiendo.

domingo, 20 de noviembre de 2016

PARA QUE NO SUFRAS MÁS, MUJER.
(Antología NO RESIGNACIÖN, Ayto. De Salamanca 2016)

Para que no sufras más, mujer,
agárrate a tu raíz,
fuerte como la verde juncia,
no dejes que sucumba
por la ausencia del calor negado.
Ve a la gavia,
donde atisbes a tiempo las galernas
para ponerte a salvo.
Libérate de la Medusa
que te convierte en inmóvil piedra.
Arroja los coturnos
para que tus pies
no vuelvan a calzar tragedias
y haz que la negra torre
bese sus fundamentos.
Cubre tus dolorosas grietas
con oro y plata
para asegurar tu fortaleza.
¡Oh hija de los duelos!
Funde la niebla que reservó a tu llanto
la mirada ausente de dichas
y salva del castillo
las almenas naufragadas
en los pliegues del agua indigna.
Atraviesa el denso aire
para que salgan de las sombras
tus heridos sueños.
Abre tu cielo, amiga,
vacío de enhiestos verdes,
y deja que los albores
desopaquen tu mirada.
Para que no sufras más, mujer,
no respires asfixiantes disimulos,
pues tienes el poder concedido
de aplastar la cabeza de la serpiente,
antes, mucho antes
de que clave sus fauces
en el pórtico sagrado de tus tobillos.
Serás así tierra ennatada
en cuya fuerza nueva
germinarán las semillas
que exhaló de tu vientre
la sometida libertad.

Mª del Carmen Prada Alonso



http://www.calameo.com/books/0047179109ac61d3cbc0f  Antología Páginas Rotas-Ciudad Rodrigo con Grito de Mujer 2016. Mi poema Llora, niña, llora, paginas 66-67.

viernes, 4 de noviembre de 2016

http://mariposasinalasblog.blogspot.com.es/2016/08/un-cafe-con-maria-del-camen-prada-alonso.html

domingo, 20 de diciembre de 2015

ROMANCE DEL NIÑO CHARRO

Bajo las recias encinas
de la dehesa aquietada,
en noche de luna llena
nace la luz anunciada.
En sus picos, los zorzales
llevan las más tiernas pajas
para calentar la cuna
de brezo, romero y jara.
Y las palomas bravías
le acurrucan con sus alas,
para que el frío no apague
el fuego de su mirada.
La Virgen briza a su Niño
cantando una dulce nana,
mientras San José le besa
su cabellera trenzada.
Rompen los bronces el aire
y se enrojecen las fraguas,
se tornan las piedras oro,
se tornan plata las aguas,
resplandecen las riberas
y las bermejuelas danzan.
Hollando escarchas se acercan
los vaquerillos al alba,
tres galopes de caballos
resuenan en lontananza,
y una luz, que rompe el cielo,
enciende la madrugada.
Ya se desvelan los ojos
de toda la tierra charra,
que quieren ver a su Dios
jugando con la alborada.

Mª del Carmen Prada Alonso Dic.2015

sábado, 5 de diciembre de 2015

El pasado día 3 de Diciembre se realizó la presentación de mi novela LA FISCALA, editada por Desván Editorial. Toda la información en Facebook Maria del Carmen Prada

lunes, 12 de octubre de 2015

A SALAMANCA


Ha llegado la noche,
viene llorando,
libélulas de plata
está sembrando.
Mientras, la tuna
rompe con sus canciones
chorros de luna.

Cantan doradas piedras
hilos de cuento
y perfiles de historia
rozan el viento.
Rasgan sus almas
en rejas de clausura
mil y un fantasmas.

Cinco viejos relojes
tocan a brujas
señalando el camino
con sus agujas.
Los adoquines
rugen glorias pasadas
bajo chapines.

Viejas enredaderas
visten los muros
susurrando rosarios
de ojos oscuros.
Sueltan sus riendas
invisibles caballos
de las leyendas.



Duermen pesado bronce
los campanarios
mientras la bruma teje
finos sudarios.
Piedras bordadas
clavan burlas al tiempo
con sus miradas.

Iluminan callejas
negros faroles
salpicando en el aire
blancos charoles.
Llora la muerte,
que no mata el embrujo
de vida inerte

Baila la Plaza el corro
de medallones
y a mirar vienen siglos
por sus balcones.
Allá, en el río,
bañan las catedrales
su recio brío.

Rosaleda de hechizos
que al aire arranca
el oro de tus piedras,
¡ ay, Salamanca!,
que no hay poeta
que no sangre su pluma
con tu saeta.






Mª del Carmen Prada Alonso

miércoles, 23 de septiembre de 2015

SIN ÁNGEL DE LA GUARDA


(Por todos los niños víctimas de abusos sexuales)

Le mira a los ojos, sonríe,
y posa en sus hombros las viscosas manos.
Queda quieto el niño.
Sus párpados se agitan nerviosos,
algo le dice que aquel abrazo
no es como otros.
Advierte a su lado el calor del infierno,
mientras el hielo le corta la piel.
Sus ojos abiertos, fijos en el aire,
ya no parpadean.
Paralizados preguntan al silencio
qué está pasando.
Su infancia, hecha añicos, cae en el suelo,
deprisa,
despacio.
Lo dejó solo su ángel de la guarda.
Su piel, antes dulce,
ahora rezuma un olor amargo.
Sus ojos perforan el suelo.
Se marcha arrastrando la nada que queda de él.
No se vuelve. En el patio
el balón se convierte en bola de hierro,
la ropa le huele a vergüenza.
En la pared, manchada de lluvia,
apoya su espalda.
Poco a poco sus piernas se doblan.
Así, sin alma, sin sombra, sin ángel de la guarda,
el niño quedó acurrucado.



................................
Mª del Carmen Prada Alonso